Estas afecciones pueden abarcar una amplia gama de síntomas.
Algunos individuos tienden a vincularlas con causas ambientales. Esta afección también se conoce como “enfermedad ambiental”, “síndrome del edificio enfermo” o “intolerancia ambiental idiopática”.

Pueden ser los síntomas resultantes de un trauma condicionado en la amígdala, la ínsula y el sistema límbico en general, tras una exposición específica o general a un producto químico, moho u otra amenaza.

Los síntomas comunes pueden incluir: dolor de cabeza, fatiga, náuseas, congestión, mareos, picazón, dolor de garganta, estornudos, dolor en el pecho, cambios en el ritmo cardíaco, rigidez o dolor muscular, diarrea, problemas respiratorios, gases, hinchazón, confusión, dificultad para concentrarse, erupción cutánea, cambios de humor y problemas de memoria.

Desafortunadamente, esta afección aún no es ampliamente comprendida o aceptada por expertos en salud e instituciones médicas. En esta etapa, no existen pruebas fiables para diagnosticar estas sensibilidades. Y muchos médicos ni siquiera están de acuerdo en que estas afecciones sean una enfermedad médica, a pesar de su efecto devastador en quien la padece.

Estas afecciones son trastornos neurológicos
Mi hipótesis es que la SQM y la enfermedad por moho son trastornos neurológicos causados por un trauma condicionado en la amígdala y la ínsula, que involucran vías similares a las que se hipotetizan en la EM/SFC y la fibromialgia. Llamamos a este tipo de afecciones “Síndromes Condicionados Neuro-Inmunes (SCNI)”.

¿Una predisposición genética?
Es probable que exista una predisposición genética a desarrollar estas afecciones, lo que puede influir en los mecanismos que se describen en esta página, o tal vez ser periférico a ellos. Sin embargo, nuestros genes no son nuestro destino, como enfatizan los últimos avances en epigenética. Por lo tanto, una predisposición genética no significa necesariamente que una persona no pueda sanar y mejorar.

¿Cuáles son las funciones de la amígdala y la ínsula?
La amígdala es responsable de detectar amenazas para el cuerpo e iniciar las respuestas apropiadas para mitigar esas amenazas.
La ínsula modula las experiencias sensoriales y la información sobre el estado fisiológico del cuerpo.

Durante un período particularmente estresante en la vida de alguien, la amígdala está en alerta máxima respondiendo a amenazas emocionales y físicas. Si el nivel de alerta de la amígdala es particularmente alto y la persona está expuesta a una toxina al mismo tiempo, puede ocurrir un trauma condicionado en la amígdala en asociación con la ínsula.
Esta exposición puede ser una exposición única o una exposición repetida. (Si hay una exposición repetida, existe una teoría llamada “encendido” que ocurre en la epilepsia, que podría ayudar a explicar cómo funciona el proceso neurológico en sí).

Esta hipótesis de la amígdala y la ínsula sirve como un modelo unificador potencial para las diversas observaciones en pacientes. Puede obtener más información aquí.
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