A menudo, la gente rehúye “alardear” (es decir, hablar de sus puntos fuertes, ya sea su personalidad, su aspecto, sus logros, etc.)
Cuando era tutor de un grupo que solicitaba plaza en la universidad, solía dedicar mucho tiempo a persuadirles de que escribieran sobre sus virtudes en los formularios de solicitud. Algunos de mis alumnos ni siquiera eran conscientes de sus puntos fuertes.
Otra cosa que hacía cuando era profesor era con algunos niños con problemas de conducta. Intentaba pillarles haciendo algo bueno. Sí, algo bueno. Luego les elogiaba de verdad y a partir de ahí construía.
Una chica de 14 años era la jefa de una banda local, y era todo un reto enseñarle. Un día entré en el aula y la encontré dibujando en la pizarra. De hecho, unos dibujos bastante buenos.
La pillé haciendo algo bueno. Así que reservé una zona de la pizarra para que lo hiciera antes de cada una de nuestras clases. (Yo llegaba más tarde que ellos a la mayoría de las clases, ya que venía del otro lado de la escuela).
Nunca antes había recibido elogios y aprecio sinceros. Se convirtió en mi ayudante no oficial y una vez le dijo a un joven (que había entrado en el recinto escolar para causar molestias) que se marchara porque yo estaba bien, así que debía hacer lo que yo le pedía. ¡Y lo hizo!

Primera tarea:
Imagina que estás solicitando algo que te encantaría hacer y te piden que escribas una cosa que crees que es realmente buena de ti, ¿qué sería?
Segunda tarea:
Píllate haciendo o habiendo hecho algo bueno, y agradécete a ti mismo por ser tú, por tu valentía, por tu persistencia, por tu cariño, por sonreír a alguien, por dar las gracias a alguien, por ver patrones en las nubes, por amar los colores de una pompa de jabón…

Creo que es importante en nuestro reentrenamiento que seamos capaces de estar agradecidos, de apreciar y también de reconocer ante nosotros mismos, quiénes somos y cómo vivimos nuestras vidas.

Alardea de ti mismo.
Margaret Cory, una de las graduadas de Gupta.
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